Convertir el calor industrial en flexibilidad energética, el reto que afronta la nueva industria

31 de julio de 2026
Convertir el calor industrial en flexibilidad energética, el reto que afronta la nueva industria

Convertir el calor industrial en flexibilidad energética, el reto que afronta la nueva industria

31 de julio de 2026
Convertir el calor industrial en flexibilidad energética, el reto que afronta la nueva industria

Convertir el calor industrial en flexibilidad energética, el reto que afronta la nueva industria

31 de julio de 2026
Convertir el calor industrial en flexibilidad energética, el reto que afronta la nueva industria

La demanda de calor constituye el principal uso energético de la industria europea y una de sus mayores fuentes de emisiones, por lo que representa también una de las principales oportunidades para avanzar en la descarbonización del sector mediante soluciones de electrificación. En este contexto, las aplicaciones industriales con una demanda térmica de baja y media temperatura (<400 °C), como las de los sectores lácteo, alimentario, químico ligero, papelero o textil, ya disponen de tecnologías de electrificación listas para su implantación. 

Entre las tecnologías disponibles destacan las calderas eléctricas, una solución madura, eficiente y capaz de alcanzar rendimientos de hasta el 99%. Sin embargo, su adopción sigue siendo limitada porque, en muchos casos, el coste de la electricidad continúa siendo superior al del gas natural para la generación de calor debido a factores como el coste de electricidad, peajes, cargos o la necesidad de contratar mayor potencia eléctrica. 

Esta realidad se refleja en el coste nivelado del calor (LCOH), un indicador que permite comparar el coste total de producir energía térmica teniendo en cuenta tanto la inversión inicial como los costes operativos. En una caldera eléctrica, el consumo eléctrico puede representar hasta el 70% del LCOH, por lo que su viabilidad económica está fuertemente condicionada por el precio de la electricidad. 

De producir calor a aportar flexibilidad al sistema eléctrico 

Sin embargo, en un sistema eléctrico con una creciente penetración de energías renovables la flexibilidad de la demanda, entendida como la posibilidad de modificar el consumo según las necesidades de la red y de las señales de precio del mercado, junto con el almacenamiento se convierten en elementos esenciales para garantizar la estabilidad. En este contexto, la caldera eléctrica deja de concebirse exclusivamente como un equipo de producción térmica para convertirse en un activo energético estratégico capaz de aportar flexibilidad al sistema. 

La clave está en su capacidad de respuesta prácticamente inmediata. En un sistema marcado por la conocida “curva de pato”, donde la abundancia de energía solar reduce los precios durante las horas centrales del día mientras que al atardecer se producen fuertes incrementos de la demanda y del precio, las calderas eléctricas combinadas con almacenamiento térmico pueden aprovechar los momentos de electricidad más económica para producir y almacenar calor, que será utilizado posteriormente cuando los costes energéticos sean mayores. 

Para que esta flexibilidad sea compatible con las exigencias del sector industrial sin comprometer la producción de la planta es necesario desacoplar el momento de la generación con la demanda térmica del proceso. Esto es posible mediante la combinación de calderas eléctricas con sistemas de almacenamiento térmico, como depósitos de agua a presión o soluciones basadas en fluidos caloportadores, y equipos de respaldo que garanticen la continuidad del suministro. De este modo, la industria puede adaptar su consumo energético a las condiciones del mercado eléctrico sin afectar al funcionamiento de sus procesos productivos. 

Este nuevo enfoque abre diferentes vías de ingresos para la industria. Por un lado, la participación en mecanismos como el Sistema de Respuesta Activa de la Demanda (SRAD), que remunera la disponibilidad de capacidad flexible para la red. Por otro, el arbitraje de precios, desplazando el consumo hacia las horas con electricidad más barata, y la participación en servicios de ajuste y balance del sistema eléctrico gracias a la rápida capacidad de regulación de estos equipos. 

Además, la sustitución de tecnologías térmicas convencionales por soluciones eléctricas eficientes puede generar Certificados de Ahorro Energético (CAEs), aportando una fuente adicional de ingresos y mejorando el retorno de la inversión. 

La electrificación del calor industrial ya no debe analizarse únicamente desde la perspectiva de la reducción de emisiones. La caldera eléctrica actualmente es un activo flexible que combina eficiencia, descarbonización y nuevas oportunidades económicas que permiten convertirlo en un equipo con una rentabilidad atractiva para la electrificación.