Se conoce como huella de carbono al volumen de gases de efecto invernadero producido por el ser humano de forma cotidiana, en sus actividades económicas, industriales y agrícolas.
El volumen de emisiones de dióxido que emitimos, expresado en toneladas, es el que se discute en foros internacionales como objetivo de reducción para los próximos años. Actualmente, el Acuerdo de París impone que en 2050 se rebaje en un 90% las emisiones que se registraban en 1990.
Según el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO), hablamos de pasar de 334 millones de toneladas en 2018 a unas 29 en 2050, un considerable esfuerzo de la Unión Europea que fija límites en dos niveles, individual y colectivo.
El primer nivel tiene que ver con nuestra forma de vida, las costumbres. Hay infinidad de cosas que podemos hacer sin consumir energía, incluso formas de transporte o comunicación, pero también cotidianas como no consumir plásticos o reducir el consumo de electrodomésticos. En esta línea, existen docenas de pequeños gestos que reducen nuestro impacto medioambiental.
Acciones como apagar la luz cuando no se necesita, revisar la grifería para evitar fugas, desenchufar electrodomésticos o dispositivos electrónicos, cuando no se les da uso, o regular la calefacción de manera responsable, suponen enormes ahorros.
Otros gestos muy efectivos son la separación de residuos no reutilizables o entender los hábitos del reciclaje, llevar siempre una bolsa de tela a la compra o simplemente caminar para hacer unos recados.
A la hora de moverse, también es recomendable recurrir más al uso de medios 100% sostenibles, como la bicicleta o el transporte público, que poco a poco se están convirtiendo en medios más ecológicos, gracias al esfuerzo de los ayuntamientos.
Igual que otras instituciones nacionales y europeas que están impulsando un decidida Agenda Verde, con la ayuda de innovadoras tecnologías y soluciones de eficiencia energética que generan modelos de eficiencia energética de todos los vectores de una empresa.
Las tecnologías actuales permiten avanzar mucho en este propósito, minimizar al máximo el consumo de personas y organizaciones, dar pasos decididos hacia fuentes de energía, alternativas, renovables y más respetuosas con el medio ambiente, que mejoran nuestro medio ambiente y contribuyen a la supervivencia del planeta.
