Hace ya cuatro años desde que la Unión Europea presentó el Pacto Verde Europeo, una guía para fomentar el uso eficiente de las materias primas del planeta, el paso a una economía circular y, por supuesto, la reducción de las emisiones de CO2. Un plan a futuro que sienta las bases para lograr que Europa se convierta en pionera y convertirse en climáticamente neutra de cara a 2050. Una meta a la que ya han puesto el foco muchos países y grandes empresas con la ejecución de planes estratégicos para la transformación no solo de su ecosistema empresarial, sino también de los hábitos de vida de la sociedad.
Con el objetivo de mejorar el bienestar y la salud ciudadana, la Unión Europea sigue investigando para para poder alcanzar las metas de descarbonización firmadas en el Green Deal cuanto antes y de la forma más sostenible. Sin embargo, recientemente la Comisión Europea, con el respaldo del Grupo de Expertos Técnicos en Finanzas Sostenibles, ha modificado su clasificación taxonómica, que se traduce en unos criterios muy detallados que permiten identificar aquellas actividades susceptibles de financiación 'sostenible', para incluir la energía nuclear y el gas natural como fuentes bajas en carbono que ayudarán en la transición.
En el caso de la energía nuclear, se ha determinado que si esta se adscribe a condiciones ambientales y de seguridad para la eliminación de residuos sin daños significativos sí puede contribuir al ser una fuente baja en carbono con niveles de CO2 comparables a los de las renovables. Aun así, también ha habido voces contrarias que mostraban dudas sobre lo que se entiende como "daños significativos".
En cuanto al gas natural, la mayoría de las partes interesadas sugiere que debería ser reconocido por su papel como combustible en la descarbonización. Sin embargo, el gas natural libera CO2 cuando se convierte en electricidad o calor, pero la UE defiende la postura de incluir el gas natural como "verde" alegando que "puede contribuir, entre otras cosas, evitando o reduciendo las emisiones de gases de efecto invernadero".
El objetivo final de la UE es aumentar el flujo de inversión hacia actividades sostenibles y, desde la absoluta transparencia, permitir que los inversores reorienten sus fondos hacia tecnologías y negocios más respetuosos con el clima. Al incluir ahora la energía nuclear y el gas natural, se abre la veda para la financiación de un gran número de proyectos que requieren de estas energías para su desarrollo.
Como no podía ser de otra forma, esta decisión de la Unión Europea ha generado muchas preguntas e inquietudes ante el posible impacto que pueda provocar dentro del proceso de descarbonización. Sin embargo, ante esta gran incertidumbre sobre las consecuencias que podrían surgir con estas nuevas directrices, EDF Fenice, como Socio Energético Global, continúa trabajando para ofrecer toda la información necesaria para una mejor toma de decisiones y para la protección del medioambiente a través del uso de energías renovables como forma para frenar el impacto climático y legar un mundo mejor para las generaciones venideras.